Fui feliz

Hoy fui feliz, tanto como esta niña guambiana que camina sin miedos por la carrera 7ma. Desde hace 65 años los colombianos no conmemorábamos un 9 de abril con esperanza.
Al fin los odios parecen diliuirse por la fuerza de la esperanza, de la necesidad de paz sin más muertos, sin más agresiones, sin más colombianos convertidos en víctimas.
Tengo esperanza en que los colombianos olviden para siempre el uso de palabras agresivas, que discutamos con razones, que respetemos las diferencias y que nunca más se utilice ningún arma, incluida la palabra, para agredir a nadie.
Quiero recobrar la alegría y confianza de esta hermosa niña que merece vivir en paz, como todo colombiano, es un derecho humano.
Gracias a quienes ponen al servicio de la vida la palabra con respeto.



Un abrazo para Ernesto McCausland



Por Alexandra Cardona Restrepo

Ese 21 de noviembre, tempranito, me llamó Mónica. Primero al teléfono fijo que no alcancé a contestar, luego al celular, al que tampoco llegué a tiempo. Sin embargo, por el tipo de timbre supe que se trataba de Móni. Me asusté. Muy temprano y mucha insistencia para una llamada. De nuevo sonó el teléfono fijo y, ahí sí, de una vez pregunté, ¿qué pasó? 
Se murió Ernesto. Silencio. Preferí llamarte porque no quería que te enteraras por la radio. ¿Estás ahí?, sí. Dicen que murió como a las tres y media de la mañana, todos están hablando de eso. Luego de un silencio en el que tan sólo se oían nuestras respiraciones agregó, yo sé cómo te sientes, pero mejor que lo sepas de una vez. Sí, gracias. Chao tía, más tarde te vuelvo a llamar y acuérdate que lo importante es mantener el buen ánimo que has tenido todo el tiempo, eso es lo que no puedes perder. Chao.
Bocabajo, con la cabeza hundida en la almohada procesé la noticia. Ernesto McCausland y yo éramos colegas en, por lo menos, cuatro aspectos de la vida. Por cineastas, por creer devotamente en los derechos de los seres humanos, por amar a los perros y por haber tenido cáncer. Iba a llorar. Seguro los ojos alcanzaron a encharcarse pero no lloré. Los recuerdos, como en el desorden de un sueño cualquiera, brincaban de un momento compartido a otro. 
Hola Ale, ¡Ernesto!, al fin. Ale, susurró, no te he llamado porque me están haciendo una terapia y el médico dice que es mejor no hablar para que no me llene de gases. Eso me dijo la última vez que hablamos, unos veinte días antes de recibir la noticia. Claro, no te preocupes yo entiendo, sólo quería saber algo de ti, un abrazo, te escribo. Tá bien, Ale. Un abrazo. Ese día supe que la muerte de Ernesto era inminente y pronta.
Ernesto no quería hablar, sé cómo es eso. Hablar, respirar se convierte en un esfuerzo descomunal. Mejor el silencio. Me llamó porque marqué sin tregua a su celular y, por último, le dejé un mensaje infalible: Ernesto, por qué no me contestas, lo único que quiero es saber algo de ti. No es más. Abrazos.
Los colombianos mandamos abrazos en los correos, en las llamadas y, cómo no, en los mensajes de voz. Es grato enviar y recibir abrazos. Supongo que para Ernesto también lo era.
Un Abrazo, fue lo último que le oí decirme. Yo iba manejando mientras hablaba con él. Apenas colgué tuve que buscar un espacio donde estacionar. Entonces era verdad. En el Salón del Autor de la Cinemateca del Caribe, me lo habían dicho, Ernesto se está muriendo. Liuba me lo ratificó después de los premios Simón Bolívar, él está muy mal, dicen que solo un milagro podría salvarlo. Me rehusé a creerles. No, no, le dije a Liuba, eso debe ser mentira. Es que la gente hace un show con ese tipo de enfermedades y siempre lo matan a uno. Por eso no conté nada cuando estuve enferma. Qué tal uno enfermo, apechugándose esa cantidad de tratamientos que tanto lo debilitan y la gente mirándolo con cara de “pobrecito, y pensar que se va a morir rapidito”. El pobrecito y la mirada de compasión me revientan, Liuba lo sabe. Así que reafirmé, no creo, él está en su lucha y por eso se mantiene aislado, no es más.
Pero después de oír su voz por el celular la cosa fue distinta. Más que débil, era un hilito que sonaba a despedida. Suspiré, suspiré, suspiré y lloré. Gracias a Dios existe la soledad de un carro en el anonimato de la calle para llorar como nos dé la gana.
Ese día lloré todo cuanto tenía que llorar, sin que nadie me dijera, ay, no te pongas así que eso te puede hacer daño. El hecho de que a Ernesto le haya aparecido un nuevo cáncer no quiere decir que a ti te va a pasar lo mismo. No llores, eso te debilita.
Es tan difícil, uno mira de reojo a la persona que habla con auténtico cariño y por el cariño justamente calla, se guarda el, mira, no soy idiota. Sé que lo de él es una cosa y lo mío otra, el asunto es que necesito llorar. Quiero a ese amigo que no estará y la muerte duele. No es más. Lloré cuanto quise amparada por esa especie de vientre en que, para mi fortuna, se convirtió la cabina del carro.  
Al regresar a la casa cumpliendo al pie de la letra con la manida frase de “la vida sigue”, le comenté a Rafa y a las niñas que después de hablar con Ernesto, me parecía cierto lo que habían dicho en Barranquilla. Silencio.
Conocí a Ernesto cuando decidimos que presentara Tiempo de la Verdad, programa de la Procuraduría General, dirigido por mí, que se transmitía en directo por la televisión y constaba de un documental, entrevistas en estudio y una sección pedagógica cuyo propósito era orientar a las víctimas sobre sus derechos respecto a la ley llamada de “Justicia y Paz”. Carito, mi hija, lo conocía por haber trabajado juntos en  la emisión de un programa especial de TV. Ella fue la encargada de contactarlo para que presentara Tiempo de la Verdad. La negociación fue sencilla y rápida. Luego, cuando fuimos a Barranquilla a filmar el documental sobre el crimen de Alfredo Correa de Andreis y la Masacre de Nueva Venecia, nos vimos.
Él y Ana Milena, su esposa, se me antojaron una pareja real. De las que son para las alegrías y las tristezas, para la riqueza, la enfermedad, de las que saben quererse para siempre. Desde el primer momento la conversación fue fácil, Ernesto habló de Momo, su perro, y nosotras de Edipo, Tino y Cupido, los nuestros. Todos labradores y personajes de la familia. Luego vino el país, el conflicto, la tristeza y la necesidad común de “hacer algo” respecto a  ello. En eso trabajamos en Tiempo de la Verdad.
Todavía me rió recordando cómo Mónica le prestó su micro sombrilla rosada de Hello Kitty, para que se protegiera del aguacero que lo recibió en su primer viaje a Bogotá para presentar el programa. Debió ser muy divertido ver a ese hombre de casi dos metros corriendo en el parqueadero del aeropuerto, con la micro sombrilla de Móni protegiéndole la cabeza. Sin embargo, haciendo gala del desenfado caribe que tanto me gusta, Ernesto pareció no enterarse del episodio.
El engranaje de ambos en el trabajo fue perfecto. La única interferencia vino de mano de los improvisados apuntadores que utilizamos durante la emisión del programa. Como éramos pobres, Mónica inventó un sistema de comunicación que funcionaba con un par de walkie talkies a los que se les adaptaban los audífonos. Ernesto tenía uno en el set y yo, se suponía, me comunicaría con él a través del otro que estaba en el master. Eso fue un caos. Ernesto no me oía. 
Ernesto, vamos con el entrevistado dos, Ernesto, el entrevistado dos, Ernesto el dos, ¡Ernesto! Creo que hasta los entrevistados llegaron a oír mis gritos y Ernesto seguía impasible, hablando con el entrevistado uno. Durante el agite de la transmisión la cosa era terrible, porque se trataba de un programa en vivo, pero luego… nos reíamos! ¿Por qué no me hiciste caso?, ¿de qué?, de pasar al entrevistado dos. ¿Y acaso me dijiste?… El invento, el oído no funcionaba. Igual siempre nos salvaba su profesionalismo y el conocimiento del tema.
Ernesto realmente sabía sobre Derechos Humanos, sobre las masacres, las luchas, los asesinatos cometidos en nuestro país. Tenía el conocimiento para hablar con  propiedad de cualquiera de ellos. En especial de los sucesos ocurridos en la costa. 
El documental sobre la Masacre de Nueva Venecia le impactó tanto, que unos años después me pidió escribir una crónica que publicó en El Heraldo. También por ese documental me enteré del cáncer. Ernesto me escribió diciendo, como sabrás ahora soy yo el que está dando la lucha contra el cáncer, pero con fe en Dios y siguiendo las instrucciones de los médicos, salimos adelante. Será que me puedes enviar el programa de Nueva Venecia para subirlo en mi página de YouTube?
Se equivocaba yo no sabía, no tenía idea de un nuevo cáncer. Hablé con él, no le pregunté qué, cuándo, dónde, porque soy poco preguntona, pero lo sentí optimista, tanto como estaba yo cuando le conté que enfrentaba el cáncer.
Ese día un numeroso grupo de cineastas, finalistas a los premios del Fondo de Desarrollo Cinematográfico, llenaban la recepción de un hotel a la espera de su turno para el pitch o encuentro con los jurados que habrían de escoger los ganadores. Las largas piernas de Ernesto se podían ver fácilmente entre las figuras medianas y pequeñas de los casi ganadores que esperaban, muertos de nervios, el turno de enfrentar a los jurados. Acomodado en una silla Ernesto leía, con mucho juicio, apuntes sobre el trabajo que iba a sustentar. Hacia meses no nos veíamos. Apenas entré me acerqué a saludarlo caminando despacio, medio arrastrando los pies, porque los efectos de la quimio no me permitían doblar bien las rodillas sin sentir un dolor muscular tremendo.
De los colegas que estaban ahí nadie sabía de la enfermedad, creo. Yo iba con mi peluca bien arregladita y gafas oscuras. Como le confesé a Ernesto no fui capaz de ponerme las pestañas postizas que hacían parte del kit para ocultar la calvicie. Traté de usarlas pero entré en pánico al pensar que en cualquier momento del pitch la pestaña se despegara, diera un brinco y ¡pum! le cayera al jurado en la cara, el tinto, qué se yo. Ernesto rió conmigo. A él sí podía contarle del cáncer porque sabía que siendo muy joven había retado uno. Estaba  segura que me entendería. Así fue.
Momo está enfermo, contó. Hoy le van a hacer una biopsia de un tumor. Aunque no hacía falta que me dijera lo angustiado que estaba con ello, lo hizo y agregó, aquí estoy negociando con Dios, le he pedido que no me dé el premio para hacer el documental con tal de que Momo no tenga cáncer. Ernesto, tú sabes que cáncer no significa muerte, tranquilo. Edipo, nuestro perro, tuvo cáncer en la nariz, le hicieron quimio y ahí está, perfecto. Le di el teléfono de Gonzalo, el veterinario de Edipo, por si las mosca,s y entré a mi pitch.
Iba con Helenita, mi asistente para esa época. Me sentía incapaz de entrar sola por el estado físico, pero tampoco quería presentarme a los jurados diciendo, que pena señores es que estoy en un tratamiento contra el cáncer y… ¡no, horror! El encuentro terminó y al salir, ocurrió lo impredecible, el “punto de giro”, se dice en los guiones. Aquello que, sin previo aviso, rompe con la línea de la historia. Helenita y yo bajábamos por la amplia escalera del hotel que conduce a la calle y al mismo tiempo subía una mujer que apenas nos vio volteó la cabeza hacia la pared. El gesto me obligó a detallarla porque, como suele ocurrirnos a los escritores en fracción de segundos pensé “¿qué pasó?, esa reacción no tiene lógica, ¿por qué lo hace?, ¿de qué se esconde?” Efectivamente se trataba de una acción con la cual la mujer quería evitar hacer contacto con mis ojos. Si no hubiera mirado hacia la pared, seguro yo no habría sabido de quién se trataba, pero al hacerlo…
Hola, le dije, ¿sabe quién soy yo, cierto? —claro que lo sabía—, la mamá de Carito, la exesposa de Jaime, precisé. Ella me miró con su máscara de pánico.
Claro que sabía quién era, nos vimos en la clínica cuando Jaime estaba enfermo, en la casa de Jaime y, por el oficio de cineastas, en muchas otras partes. Justamente por eso trató de ocultarse mirando a la pared. El pecado es cobarde, diría mi mamá.
No sé si musitó un hola o algo parecido el caso es que por un impulso que aún no logro descifrar, sin darme tiempo de pensar le dije, ¿usted por qué no le avisó a mi hija que su papá había muerto? Silencio. Ni una palabra respondió y yo, como poseída por la voz de la justicia fraterna volví a preguntar ¿usted por qué no le avisó a mi hija que su papá había muerto? Jaime murió a las 3 de la mañana y mi hija, su única hija lo supo a las 10 de la noche luego de que Gerardo llamara a la casa a decirme, ve, Alexita, es que andan diciendo que Jaime murió, pero yo no creo porque vos sabrías.
Claro que sabría. En el instante que ocurriera sabría, por lo menos Carito, su hija debía enterarse de inmediato. Es lo humanamente lógico. Bueno, eso se espera cuando hablamos de humanos. Pero no sucedió así. Nadie le avisó.
La mujer que tenía al frente me miraba con máscara de pánico mientras yo, como disco rayado repetía, ¿usted por qué no le aviso a mi hija que su papá había muerto? El tono de voz subía, pero la pregunta seguía intacta. Poco a poco el bullicio de la  recepción del hotel dio paso al silencio para que solo se oyera un lento y bien modulado ¿Usted por qué no le aviso a mi hija que su papá se había muerto? Los cineastas que ya lo sabían y los que no, miraban hacia las escaleras, a la espera del desenlace. Ernesto desde su silla también miraba sin entender.
¿Usted sabe que es un derecho humano saber de la muerte de los padres? ¿Por qué no le aviso a mi hija que su papá había muerto? De pronto el silencio era total. La mujer me miraba desde un par de escaleras abajo, Helenita, a mi lado, reprimía su angustia, temerosa por mi estado de salud y yo, repetía la pregunta sin subir el tono, pero vocalizando muy lentamente cada palabra. Usted, hija, papá, muerto, derechos. Cuatro, cinco, diez, minutos duró el encuentro, hasta que ella pidió el número celular de Carolina y Helena, temblorosa se lo dio. Luego ella siguió su camino y nosotras nos devolvimos al centro de la recepción, porque sólo entonces recordamos que el carro estaba en el sótano del hotel y la salida era por el interior del hotel. 
Ale, ven acá, me dijo Ernesto cuando pasé por su lado, qué clase de escándalo era el que estabas armando allá, ¡que feo! ¿No entendiste?, respondí. Ella era la esposa del papá de mi hija  cuando él murió y no le avisó a Carito que Jaime había muerto. Supimos después de casi 20 horas, mientras los amigos y demás ya sabían.
¿Qué, qué? Exclamó Ernesto, y tú sólo le preguntaste por qué no le avisó a tu hija que su papá se había muerto, ¡qué va!, ¡a cachetá limpia tenías que haberla cogido! Te imaginas si le doy una cachetada y ella es valiente y, como buena mujer, me mechonea. Apenas me agarre el pelo se queda con la peluca en la mano. Eso sí habría sido un susto tremendo. Ella habría pensado que yo me estaba deshaciendo, comenzando por el pelo que tenía en la mano. Ja, ja… pura imaginación de guionista, dijo Ernesto riendo, me abrazó y se fue a cumplir la cita con el jurado. Antes de ingresar al salón que le correspondía, dio media vuelta y recalcó, pero la cachetá sí se la merece!
Ernesto desapareció y yo, irónica, le dije a Helenita, de pronto si me hizo falta darle una cachetada. Ay, Alexa, no digas eso, yo estaba muy preocupada. Lo sé, lo sé, pero te imaginas el espectáculo de la peluca en la mano, un día voy a escribir una película con esa historia Ambas reímos y salimos del hotel.
Al día siguiente premiaron a Ernesto y, según me dijo, Diosito se portó de maravilla conmigo, ganamos y ¡Momo no tiene cáncer!

Te merecías esa buena suerte mi querido Ernesto. Un largo y cálido abrazo donde quiera que te encuentres, feliz, con Momo a tu lado.





Ana Milena, abrazos, abrazos para ti, las niñas y la mamá de Ernesto.

CAPITULAR NO ES EL CAMINO PARA LA PAZ


Por :Alexandra Cardona Restrepo


Lograr vivir en paz es tan complicado que durante más de 60 años los colombianos no hemos podido pasar un solo día en absoluta paz.

La presentación oficial en Oslo, Noruega, del incipiente proceso de paz entre las FARC y el gobierno colombiano, dejó en claro que estamos ante unos diálogos complejos. Los  representantes de las FARC y el  gobierno, tienen puntos de vista diametralmente opuestos, algo que no debería sorprender a nadie, porque si el asunto fuera diferente el país hace años gozaría de una paz estable y duradera.

De qué habría valido que Iván Márquez, como vocero de las Farc, se pronunciara diplomáticamente en su intervención, si en realidad está convencido de que la paz no puede conseguirse mientras Colombia sea el “tercer país más desigual del mundo”. Ahí habló con la verdad, la general, porque es inocultable la extrema desigualdad en Colombia, y la personal, con la que justifica pertenecer a un grupo armado ilegal.

Pero si eso, y otras tantas cosas dijo Márquez, De la Calle no se quedó atrás, mostró su absoluta contrariedad con la forma y el contenido (por no hablar de la duración) de la intervención de Márquez,  al hacerlo dejó en claro que estamos ante un esfuerzo de parte y parte muy delicado.

Las Farc, contrario a lo que desearían los opositores del proceso, no van a capitular y muchísimo menos lo hará el gobierno. Eso es lo que muchos enemigos del diálogo, tanto de izquierda como de derecha, quisieran oír: capitulación. Palabrita que sonaría como música celestial a los opositores del proceso. Pero no, eso no ocurrirá y bien pueden bajarse de la nube quienes así lo sueñan.

Aquí lo que se trata es de establecer los puntos de coincidencia que pueden abrir las puertas de un camino que conduzca a la paz que tanto anhelamos los colombianos. Porque, aunque parezca quimérico, sí hay puntos de convergencia, uno de ellos, que estamos hartos de la guerra, que ya sabemos que a punta de bala no conquistaremos la paz, que no queremos más colombianos muertos, desaparecidos, secuestrados, vendidos, masacrados. Que de ninguna manera queremos entre este y otro posible proceso de paz caer ahogados en los charcos de sangre de colombianos sacrificados inútilmente en este conflicto.

El diálogo será muy difícil, tendrá momentos de grandes tensiones, se escucharán confesiones escabrosas, pero este es el único camino que puede conducir a una paz real.

Tanto el gobierno como las FARC han dado un paso sobre el que pocos mantenían alguna esperanza, el del diálogo. Los otros, quienes creemos que no participamos activamente del conflicto, debemos estar alerta para impedir que una declaración altisonante ponga en vilo la posibilidad de la paz, tenemos que estar atentos para aclarar las agresiones verbales de quienes no creen en el diálogo, prestos a evitar  las zancadillas que seguro le pondrán a este frágil proceso, y, sobre todo, tenemos que estar dispuestos a decir constantemente a los  negociadores que tienen en sus manos, en su mente y corazón la posibilidad de cesar este enfrentamiento armado, que tienen el deber de actuar  pensando en los colombianos, dejando los egos de lado y poniendo por encima de cualquier dificultad una forma de hallar soluciones con las que todos quedemos satisfechos.

Eso es posible, África lo logró, Irlanda también, Guatemala lo ha demostrado, por qué Colombia no?

La condición fundamental, pensar en una sociedad justa que es lo que queremos todos y hablar con la verdad, recordando que las palabras no matan, las balas sí.


AQUI ESTAN, ESTOS SON LOS CONGRESISTAS QUE APROBARON Y LOS QUE NO APROBARON LA REFORMA



Aquí están estos son:
1. Los congresistas que aprobaron la Reforma
2. Los congresistas que rechazaron la Reforma
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Por favor no olvide a la hora de elegir.

Necesitamos un REFERENDO en el que:

1. Sepultemos, por nuestra voluntad, la Reforma.
2. Revoquemos el actual Congreso de la República.
3. Inhabilitemos a los Congresistas que aprobaron la Reforma  para presentarse en las elecciones del nuevo Congreso.

¿Qué hacer con la Reforma, vender el sofá?






Por: Alexandra Cardona Restrepo

No porque el violador de Rosa Elvira Cely pida perdón y se arrepienta de los ultrajes cometidos contra la señora Cely, deja de ser un peligro social. Claro que esperamos su arrepentimiento pero por sobre todas las cosas confiamos en que la justicia se asegure de proteger a la sociedad de este individuo. ¿Cuáles serán las medidas que se adopten respecto a él y nuestra seguridad? Las que prevé la ley colombiana para garantizar a los ciudadanos que por lo menos este individuo jamás podrá atacar a nadie como lo hizo con la señora Rosa Elvira Cely.

Algo semejante ocurre con la Reforma a la Justicia Colombiana. No porque el Presidente Santos objete algunos artículos, porque los 164 congresistas que votaron a favor de ella decidan en una exótica maniobra desaprobar lo que aprobaron con convicción, porque los conciliadores declaren que bueno, de pronto sí cambiaron algo que no debían o porque Simón Gaviria se exonere de culpa diciendo que leyó por encima el texto, dejan de tener total responsabilidad sobre el texto aprobado que debía convertirse en una enmienda de nuestra Constitución.

De no ser por las denuncias de los medios de comunicación y por los colombianos que hicieron eco de estas denuncias y pusieron el grito en el Cielo al comprender que con la Reforma los acusados por las chuzadas, parapolítica, Agro Ingreso Seguro y otras bellececes quedarían libres en un abrir y cerrar de ojos, a esta hora tendríamos a la mayoría de congresistas celebrando su gran faena: revivir a los “muertos políticos” y extender el período laboral de los magistrados, incluyendo los actuales, hasta los 70 años.

Pero ocurrió que no, el bullicio que hicimos, el runrún sobre la necesidad de un Referendo para tumbar la Reforma, alcanzó la Casa de Nariño. A su turno el Presidente se declaró horrorizado con el texto aprobado y en una acción, que también parece fuera de las reglas del juego del país, “objetó” algunos artículos y devolvió la Reforma al Congreso.

Muchos expertos en el tema dicen que ahí no tenía porqué meter la nariz el presidente, que la discusión de la reforma debía “surtirse”, como se hizo en dos periodos legislativos ordinarios y que ahora habrá que hacer un enredito por aquí, otro por allá para que, en Sesiones Extraordinarias, los mismos 164 congresistas que votaron con convicción por la Reforma, voten en contra del texto aprobado, leído por encima o no, y finalmente borren de la historia legislativa del país tanto los artículos que no convencen al presidente como el resto.

Legalmente eso debe ser complicado, aunque no imposible. Ya sabemos, con la Reforma misma, que para la mayoría de los Padres de la Patria parece no haber nada imposible.

Quizá por eso mismo, para tener la certeza de que esta Reforma jamás hará parte de la Constitución Colombiana, toma fuerza la iniciativa de realizar un referendo en el que los ciudadanos colombianos, el constituyente primario, votemos sí o no por la Reforma. Con ello estaríamos seguros de que nunca, ningún legislador, podría intentar revivirla. De otra manera siempre enfrentaremos el riesgo de que alguien objete lo que objetó el Presidente y que los congresistas corrieron a borrar.

Por ello ese Referendo es imprescindible. Pero hay otro par de preguntas que si actuamos con lógica debemos incluir en el Referendo:

1.     Vota para que se disuelva el actual Congreso.
2.     Los 164 congresistas que aprobaron el Referendo deben quedar inhabilitados para ser candidatos al nuevo Congreso.

En este caso, si incluimos en el Referendo contra la Reforma a la Justicia a los autores del texto y a quienes lo aprobaron, estaríamos garantizando que un suceso semejante no ponga en riesgo nuestra democracia. Porque como se ha visto hasta la fecha, sólo una persona, el Ministro de Justicia Juan Carlos Esguerra renunció a su cargo asumiendo el costo político que le corresponde. De resto, quienes la aprobaron, ahí siguen, tranquilitos, sin intención de renunciar a su curul.

Como dice el cuento, no se trata de vender el sofá (hundir la Reforma), si no de asegurar que nunca más nos pongan los cachos. En este caso sólo queda un camino, el divorcio, porque estamos llenos de razones para desconfiar de quienes ya nos pusieron los cachos. Así que la propuesta sería adelantar un divorcio en buenos términos.

De común acuerdo hundimos la Reforma, aceptamos que los cachos se produjeron por la voluntad de las personas que usan el sofá y no porque exista un sofá. En consecuencia tomamos decisiones que nos protejan de este tipo de acciones en el futuro: cambiamos de pretendientes (revocamos el Congreso) y le advertimos a los nuevos congresistas que quien actúe en contra del interés común será removido e inhabilitado para ocupar el cargo de congresista.

Además, aprovechamos para dejarles muy clarito que aquí nadie se come el cuento de que la culpa es del sofá.

Una a Una Las Estrategias de Manipulación a través de los Medios de Comunicación aplicadas a Colombia



Cuando se leen es inevitable preguntarse si Chomsky  logró establecerlas luego de conocer Colombia o si las mismas son tan precisas que pueden aplicarse a cualquier país.

Aquí van, en orden descendente, la definición que hace Chomsky de cada una de ellas y el ejemplo de cómo pueden aplicarse a Colombia.


1. La estrategia de la distracción
El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.

La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética.

“Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto 'Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

Ejemplos en Colombia

Caso Colmenares Vs Caso Porras

El  llamado Caso Colmenares en el que varios estudiantes de la Universidad de Los Andes están vinculados al presunto crimen de uno de sus compañeros, se ha convertido en un suceso en el que todos los Medios de Comunicación centran su atención y, por tanto, los ciudadanos colombianos conocen hasta el mínimo detalle del presunto crimen del joven Colmenares.  Que merece, como no, la atención de los medios.

El asunto de acuerdo a lo que plantea Chomsky en la estrategia de distracción es que mientras eso ocurre en el caso Colmenares, del crimen del joven Porras, no se dice nada.
La condena impuesta a los militares responsables de asesinar a Fair Leonardo Porras, joven con retardo mental, que fue presentado como un “positivo”  por el ejército ha sido mínimamente difundida.

Cuántos colombianos saben.
·       A qué militar  condenaron a 51 años de prisión?
·      Cuántos miembros del ejército participaron en el crimen de Fair?
·      Por qué se probó que Fair era un chico de educación especial?
·      Qué opina la madre de Fair de esta condena?

Sin embargo, la pregunta por detalles como:

·      Nombres de las estudiantes vinculadas al presunto crimen de Colmenares?
·      Nombre de la madre del joven Cárdenas vinculado al presunto crimen?
·      Por qué hay una investigación en contra de la madre y abogada del joven Cárdenas?

Mientras que las relacionadas con los llamados Falsos Positivos sólo podría ser respondida por familiares e interesados directos, las que se refieren al caso colmenares podrían ser respondidas por la mayoría de colombianos. Y, sin quitar importancia a la necesidad de conocer la verdad sobre el llamado Caso Colmenares, la pregunta es si el caso de Fair Leonardo no merece el mismo interés de los medios?

Un crimen como el de Fair, que según parece es igual al de unos 300 jóvenes que aparentemente fueron retenidos y asesinados por las fuerzas armadas colombianas, para ser  presentados como positivos, merecería indiscutiblemente un gran despliegue de los medios.


 Pero como se trata de aplicar LA ESTRATEGIA DE DISTRACCION, pues… 

Paralelo del conocimiento mediático del caso Colmenares Vs Caso Porras


10 Estrategias de Manipulación a través de los medios.

                 Elaboradas por Noam Chomsky
  1. La estrategia de la distracción
    El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes.

    La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética.

    • “Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto 'Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

       
  2. Crear problemas y después ofrecer soluciones
    Este método también es llamado “problema-reacción-solución”.

    Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar.

    Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad.

    O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

     
  3. La estrategia de la gradualidad
    Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos.

    Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990:
    • estado mínimo
    • privatizaciones
    • precariedad
    • flexibilidad
    • desempleo en masa
    • salarios que ya no aseguran ingresos decentes,
    ...tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

     
  4. La estrategia de diferir Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura.
    Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato.

    • Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente.
    • Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado.

    Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

     
  5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad
    La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental.

    Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante.

    Por qué?

    • “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.

       
  6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión
    Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos.

    Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

     
  7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad
    Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud.

    • “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver "Armas silenciosas para guerras tranquilas")”.

       
  8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad
    Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

     
  9. Reforzar la autoculpabilidad
    Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos.

    Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se auto-desvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción.

    Y, sin acción, no hay revolución!

     
  10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen
    En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes.

    Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente.
    El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo.

    Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

POR FIN UN 9 DE ABRIL CON MEMORIA

El año pasado se declaró el 9 de abril como el día de la MEMORIA HISTORICA y de SOLIDARIDAD CON LAS VICTIMAS.

Qué vamos a hacer para conmemorar este día?

ARTÍCULO 142. DÍA NACIONAL DE LA MEMORIA Y SOLIDARIDAD CON LAS VÍCTIMAS. El 9 de abril de cada año, se celebrará el Día de la memoria y Solidaridad con las Víctimas y se realizarán por parte del Estado colombiano, eventos de memoria y reconocimiento de los hechos que han victimizado a los colombianos y colombianas.
El Congreso de la República se reunirá en pleno ese día para escuchar a las víctimas en una jornada de sesión permanente

http://colombia-memoria.ictj.org/es/memoria-historica-en-la-ley-1448-de-2011

Este 7 de Marzo, Osorio Gómez Jaime dice de nuevo, Presente!

 

Hoy cumpliría años Jaime y sin que me quepa la menor duda estaría organizando una fiesta tremenda. Con llos 8 de Cuba que eran como 20, con carpas, invitados muchos invitados, flores escogidas por él, floreros hechos por él y un montón de apuntes que harían las delicias de aquellos a quienes acogía en su casa por considerar amigos, buenos colegas o… porque sí.

Les contaría anécdotas reales y ficticias y a la hora de despedirlos los comprometería para una próxima reunión más pequeña donde el ejercería como afitrión-chef.

Hoy Talía Carolina, la hija de ambos, debía estar dedicada al agite de ayudarle a preparar la fiesta y atender a los "envitados" como decía desde pequeñita. Otro tanto haría Mónica la sobrina-hija que ambos criamos y quien era (es) su única socia en Tucán, la empresa que tantas nuevas y valiosas producciones aportó para el desarrollo del cine colombiano.

Es cierto, nada de esto ocurre ahora los 7 de marzo de cada año, ni parranda, ni flores, ni cuentos hacen parte del día. A eso vienen acostumbrándose Caro y Mónica tratando de pasar rápidito el día. De obviar recuerdos para evadir nostalgias. Y ahí van, sobreviviendo a sus mayores como suele ser la lógica de la vida.

Lo triste, lo muy, muy triste es que apenas ayer pudieran entrar a la casa de Jaime, que era y es de él, donde funcionaba su famosa Tucán Producciones y tuvieran que dedicar ese día y, este, el de su cumpleaños, a desocupar el cuartico donde metieron como fueron cayendo los sueños y realizaciones de Jaime.

Ahí están los afiches de Confesión a Laura, el que diseñaron en Cuba, al lado de los computadores que se arruman sobre los televisores y papeles. Está la primera carpeta de Confesión a  Laura, que diseñamos para promover al película y que con los años Jaime llegó a querer tanto que la mandó a enmarcar. Con marco y todo reposa en medio de los restos de vida de Jaime que fueron abandonados en un rincón de una casa que aún le pertenece.

Apenas jirones de una existencia que seguro llenó de alegría, de enseñanzas, de oportunidades a quienes no dudaron en sepultar todo aquello que dejó de constituir valor material en ese cuartico que de Azul nada… ni la sombra.

Hija y sobrina ya pasaron hace 5 años   por el dolor de recibir en un par de bolsas de basura que contenían los recuerdos que Jaime atesoraba de los momentos vividos con ellas, ahora descubren que el olvido y el querer sepultar los objetos que representan los sueños de alguien a quien se quiso, es algo que produce un dolor insoportable.

Es triste llegar a este 7 de marzo con los ojos encharcados y el corazón ajado. Sin embargo, es esta la oportunidad de repetir en coro, como decía él, el 7 de marzo de 1947, en Viterbo, Caldas, Osorio Gómez Jaime, dijo presente al mundo!

Porque quizá en este 7 de marzo de 2012 en el que tanto ha dolido ver las fotos, los objetos queridos de Jaime detrás de papeles y muebles entre los que quisieron abandonarlo, renace Osorio Gómez Jaime, para decir presente al mundo y comenzar a contar la verdad de lo que fue y es la película de su vida.