MI MAMI, SUS PIES Y LA FALTA DE AGENDA

Últimamente la pregunta se repite y repite: ¿será que los atropellos, abusos, respecto al dercho a la salud sólo me pasan a mí?

Es que tengo razones para preguntarmelo. Cuando veo las caras largas de los seguidores del actual gobierno que querrían mantenerlo en el poder otros cuatro años, me siento obligada a preguntarme:

1. ¿El problema con la prestación de los servicios de salud es sólo mío?
2. ¿El desempleo sólo me afecta a mí?
3. ¿Los desplazados sólo existen por las rutas que yo transito?
4. ¿Los mal llamados "Falsos Positivos", es un hecho que sólo yo conozco?

Y así infinidad de sucesos que, según parece, sólo a mí y a nadie más que a mí, le ocurren. Por ejemplo, la historia de mi mamá y sus pies.

Mi mami tiene 77 años y goza de buena salud, aunque cuenta en su historia clínica con un Accidente cerebro vascular (ACV), Diabetes tipo II, hipertensión, hipotiroidismo, artrosis y otro pequeño grupo de etcéteras que parecen bastante comunes para la edad.

Ella es una mujer activa, siempre lista para acompañar a los nietos a donde quieran y medio quejosa por las "40 pepas que me tengo que tomar todos los días".

El caso es que debido a la diabetes el cuidado de sus pies es primordial, todos sabemos y si no lo saben se los cuento, que una llaguita mál atendida en el pie de un diabético puede ser fatal. Por esa razón está inscrita en la Asociación de Diabéticos y es allí donde le atienden todo cuanto tiene que ver con sus pies y demás.

Lo lógico sería que a través de la EPS, la cual ha pagado religiosamente durante por lo menos 20 años, le atendieran el asunto de sus pies, pero como conseguir la cita puede ser eterno… mejor pagamos en la Asociación.

El asunto es que hace un mes apróximadamente fue a la Asociación porque le dolía mucho la planta de los pies. Allí le dijeron que efectivamente, para no hacer más largo el cuento, tenía un problema que demandaba cirugía. Por tanto mi mami comenzó a pedir cita con un médico enla EPS, el que caiga, para que la remita al especialista y dé o no la orden de cirugía.

Y ahí comenzó, para mantenenos a tono con esta semana, el viacrucis de esta historia. La respuesta de la EPS es que no tenían agenda por tanto no podían darle una cita. Eso es tan chistoso, nunca he podido entender qué es "no tener agenda", o cómo se puede "no tener agenda" en un lugar como un consultorio médico donde la función básica es dar citas que se anotan en una agenda.

Este no tener agenda es tan pero tan grave que en el caso de mi mami significa que debe llamar en mayo, sí leyeon bien: Mayo de 2010, cuando "abran las agendas" para que le den cita.

Lo que me temo es que en Mayo le darán cita para junio o julio de 2010. Cómo la ven?

Entre tanto mi mami seguirá con el dolor en los pies, con la necesidad de una cirugía que puede hacerse más complicada por el tiempo transcurrido y lo que es peor, pegadita al lado del teléfono esperando que llegue Mayo para ser al primera que llama y consigue cita en la tal agenda.

Ante esto, vuelvo y me pregunto, será que estas cosas sólo me ocurren a mí? Será que los que consideran que hay que votar por la continuidad de la tal Seguridad Democrática, nunca han vivido una situación semejante?

Y lo más grave, como según entiendo con la tal Emergencia Social todo tiende a empeorar, me pregunto, si sobrevivimos a la Emergencia Social ¿tendremos cupo en alguna agenda?

A QUE TE MATO RATON





La única conclusión que cabe es que para el malicioso

sistema de salud que nos rige,

un paciente con una enfermedad catastrófica, como cáncer,

es más rentable muerto que recibiendo

un tratamiento de alto costo.


Así, como un indefenso ratón a punto de caer en las garras del malévolo gato, se siente uno cuando por tener cáncer acude al sistema de salud colombiano. Recibir el diagnóstico de que se tiene cáncer genera una situación muy dramática, pero tener cáncer y estar sometido a las normas de las Empresas Prestadoras de Salud (EPS) más que problema es una condena —si ellos lo consiguen— a muerte.

La noticia de que se tiene cáncer es devastadora. Produce angustia y miedo en quien es diagnosticado y en todos sus seres queridos. En lo primero que se piensa es en la muerte. Sin embargo, el cáncer es curable si se diagnostica a tiempo.

Eso se entiende cuando el médico explica el estado en que se halla el cáncer y las posibilidades de erradicarlo mediante un tratamiento, muy agresivo, pero eficaz. Es entonces cuando las personas que hemos recibido el diagnóstico de cáncer comprendemos que para ganarle la guerra se requiere:


Actuar con rapidez

Contar con servicios de salud de alta calidad

Recibir un tratamiento prioritario y urgente de parte de las EPS


Porque el cáncer es curable si se diagnostica y SE TRATA a tiempo. De otra manera estamos a un paso de dejar el mundo de los vivos. La necesidad de tratarlo a tiempo, es algo que no toma en consideración el perverso sistema de salud que opera en Colombia y que es al que debemos someternos los pacientes con diagnóstico de cáncer.


La tramitología y obstáculos que ponen muchas de las EPS pueden llevar a un importante número de pacientes con cáncer a desistir de su tratamiento. Lo que se traduce en renunciar a la opción legítima de vida que tiene cualquier persona o, para que lo entendamos mejor, a que el gato gane la pelea.


Un médico de un hospital infantil comentaba que el caso de los niños con cáncer es aberrante, pues tanto padre como madre se ven obligados a dejar sus trabajos para atender las necesidades del hijo. Mientras la mamá acompaña al niño en el hospital el papá se dedica a adelantar el papeleo que demanda conseguir cualquier autorización para su tratamiento. Eso cuando son niños que viven en ciudades grandes porque hay otros, que residen en veredas y municipios lejanos, que quizá nunca alcanzaran a ser atendidos como les corresponde. ¿Quién dará la pelea por ellos para que A TIEMPO se les costee el traslado, estadía y atención médica calificada que demandan?

Y en cuanto a los adultos la cosa no es distinta. Muchas EPS someten a un papeleo interminable, a límites de fechas absurdas para reclamar, solicitar y demás, a quienes recibimos el diagnóstico de cáncer. Como si un paciente con cáncer, por ejemplo de seno, después de una mastectomia total, estuviese en condiciones de presentar peticiones de reembolsos, pago de incapacidad y etc., en los 15 días siguientes a su intervención. ¡Por favor!


Pero esa es la norma: usted tiene 15 días calendario para pedir el reembolso de la prótesis mamaria que debió comprar porque cuando la solicitó a la EPS le dijeron que el estudio se demoraba cinco días hábiles. ¿Cinco días hábiles? Cómo se nota que no es el funcionario que dice eso, siguiendo las instrucciones de la EPS, quien tiene el cáncer. Cinco días, un día, pueden significar la diferencia entre la vida y la muerte para una persona con cáncer. Entonces hay que comprar la prótesis que cuesta un millón ochocientos mil pesos, o no comprarla y quedarse mutilado, porque la urgencia es extraer la mama.


Que la compre no significa que la vayan a reembolsar su valor. La EPS puede negarse a pagar con respuestas que van desde: usted presentó la solicitud después de los 15 días, hasta la EPS no cubre prótesis cosméticas. Y no importa si usted explica, manda derechos de petición, reclamos, lo que quiera, usted perdió la batalla, porque “presentó la solicitud después de los…”, a menos, supongo, que interponga una tutela.


¿Pero quién quiere pensar en tutelas cuando está recibiendo un tratamiento de quimioterapia? Nadie. Mucho menos si para recibir la quimio también debe realizar todo tipo de absurdas gestiones y tramites ante la EPS. La primera vez, por eso, porque se trata de la primera. La segunda, porque usted creyó que como el oncólogo había ordenado desde el primer momento cuatro ciclos de quimioterapia, sería fácil el tramite. Pero se equivocó, ratón, y… corre el riesgo de que no le realicen la quimioterapia en la fecha exacta que indicó el médico. ¿Entiende? Entonces le toca pedir el favor, suplicar, pelear, ir, volver, para conseguir que el día indicado le apliquen su segundo ciclo de quimio, no vaya a ser que el gato logre su propósito.


Cada ciclo de quimio es como si fuera el primero para la EPS, no para el paciente. Si con el primero quedó calvo, en el siguiente probablemente sufra de un dolor muscular que casi le impida caminar, hemorragias en los dedos, ampollas, pérdida del gusto y vómito. Padecimientos que soporta con estoicismo porque se sabe que los medicamentos que producen esa reacción son los que están batallando contra el cáncer, por ello necesita que se los apliquen cada 21 días, como ordenó su médico. Es el día 21, no otro, para asegurar su efectividad, pero… la EPS no lo entiende.


El tercer y cuarto ciclo de quimio pasan igual que el primero respecto a la EPS: hasta último momento hay dificultades para que los autoricen. El sufrimiento es espantoso. Siempre está el argumento de que el Comité Técnico Científico tiene que aprobarlo, que la funcionaria que recibió la solicitud se equivocó, que los papeles no se debían radicar en la sede tal sino en tal otra y, por último, la sugerencia de, ¿por qué no espera y dejamos la quimio para la semana entrante? ¿Qué tal que se tratara de la vida de ellos, la dejarían para la semana entrante? Es que ese gato es muy picarón.

Llegar al último ciclo de quimioterapia es un alivio, más que por la desaparición de los efectos secundarios, porque termina la lucha con la EPS. Por el momento podemos gritar felices ¡ese gato no sirvió! Seguirán los reclamos por el pago de la incapacidad médica, el reembolso de la prótesis, repitiendo que no se usó en una cirugía cosmética y se recibirán, cómo no, las respuestas de siempre. Pero uno podrá respirar tranquilo porque le ganó la sutil condena de muerte a la EPS. Pues la única conclusión que cabe después de esta contienda es que para el malicioso sistema de salud que nos rige, un paciente con una enfermedad catastrófica, como cáncer, es más rentable muerto que recibiendo un tratamiento de alto costo.

De ahí que nuestra lucha incluya, además de retar al cáncer, enfrentar a las EPS y defender el derecho a la vida como un infeliz ratón ante un gato tragón.


Uno se salvó… y ¿los otros? Los que no saben ni pueden dar la pelea ¿dónde están?… Algunos llegan a asociaciones como Ámese donde reciben orientación para enfrentar esta situación, ¿pero los otros? Es por ellos, por ustedes y nosotros que una Ley que garantice la atención inmediata e integral de las personas con cáncer es imprescindible para los colombianos. Al respecto no cabe ninguna excusa.


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Es por ello que Ámese, fundación que apoya a mujeres con enfermedades de seno, está buscando 50.000 firmas de respaldo al Manifiesto Popular Sobre el Cáncer de Seno en Colombia. El plazo para obtenerlas es hasta el 15 DE NOVIEMBRE DE 2009, a la fecha se han reunido 42.000… Le dije esta mañana a Claudia Saa, directora de Ámese, creo que puedo conseguir unas 100… ustedes qué opinan, las podré conseguir? Lo único que tienen que hacer para unirse al Manifiesto es:

Ingresar a la página web de Amese http://www.amesecolombia.com, leer el Manifiesto, descargar el formato para firmar, firmarlo y remitirlo escaneado a amese@etb.net.co ó físicamente a calle 95 # 13-55 of 304, Bogotá, Colombia.



EL AROMA DE MARUCHA

Foto: Marucha

Preparar café antes del amanecer y recordar a Marucha es una sola cosa. Me basta pensar en un café fresco de madrugada, para que el recuerdo vuele y se instale en la Habana de finales de 1980, en El Vedado, en la casa de Marucha y Mayito, en la cocina de Marucha.


Saco el café de la alacena y de inmediato aparecen las manos blancas que sostienen la base de la cafetera bajo el grifo de agua. Luego esas mismas manos introducen el filtro metálico, lo llenan hasta el tope de café, giran la base de la cafetera para ajustarla, la dejan sobre la hornilla y encienden la estufa. Mientras el agua alcanza la temperatura necesaria para hervir, las manos de Marucha disponen las tazas en las que servirá el café. En cada taza una o dos cucharaditas de azúcar.


Tengo presente en la memoria del olfato, del gusto, ese café por el que tanto protestan los cubanos diciendo que está lleno de chícharos y que a mí me sabe delicioso, tengo presente los ojos inquietos de Marucha anticipando los movimientos de las manos, el color de su piel, su sonrisa, pero no su voz. Marucha es blanca y de ojos tan negros como su pelo.


Por más que lo intento no recuerdo el tono de su voz. Y tampoco hace falta. Soy capaz de ver a Marucha sirviendo un chorrito de café hirviendo en una taza para mezclar el azúcar con ese poco de café, revolviendo y revolviendo hasta que azúcar y café se convierten en una especie de caramelo en el que provoca meter el dedo y en seguida chuparlo. Pero no, no se puede. Marucha va más rápido que mis deseos. Sirve el café en la taza, lo mezcla con el “caramelo” y me lo ofrece. “Un buchito de café”.


El recuerdo siempre tiene que ver con la madrugada quizá porque a esa hora nos encontrábamos antes de salir a algún rodaje. Y, claro, a esa hora el “buchito de café” es como maná. Marucha reparte café a todos y su pequeña casa se inunda del aroma que me convierte en inolvidable esos amaneceres.


Tomamos café y hablamos de cine, pintura, literatura y política, todo nos concierne. Todo hace parte de nuestra vida. El aroma del café de Marucha que impregna poco a poco la cocina, para en segundos flotar sobre la sala-habitación-comedor, llega ungido de vitalidad. Marucha vuela de un lado a otro, sirve café, le responde a Mayito que pregunta por algo, recibe a los hijos que pasan por la casa, prepara su cámara para el rodaje y, además, atiende al grupo de cineastas latinoamericanos que llegan a su casa por un “buchito de café”, y un mucho de calidez.


Marucha hizo la foto fija de no sé cuántas películas, fundó la Fototeca de Cuba, tuvo dos hijos con Mayito, María y Mayitín, amó a las hijas de Mayito y, por sobre todas las cosas, para mí, es un recuerdo permanente de energía y vida cada mañana, antes de beber ese “buchito de café”.


Enlaces sobre Marucha:

http://www.fcif.net/instituciones/fototeca.htm

http://www.fotoperiodismo.org/FORO/files/fotoperiodismo/source/html/galeria/CASTRO/pages/SALON%20CUBA/CDCUBA/HISTORICAS/pages/marucha.htm

http://www.latinart.com/spanish/faview.cfm?id=507

http://www.archivocubano.org/rufino_03.html


Cuando los amigos se van...


Por: Alexandra Cardona Restrepo */ Especial para El Espectador

La noticia nos estremeció frente al televisor el pasado 16 de junio: muere pareja de colombianos y su hijo menor en incendio en Nueva York.

Pese a no conocer a la familia, era inevitable sobrecogerse con el amargo final de la aventura, tantas veces recreada en el cine y la literatura, de los emigrantes tras el sueño americano. Según decían los medios, luego de muchos sacrificios, hacía pocos días el matrimonio con dos de sus hijos se había instalado en un apartamento en Queens, donde por fin vivirían con un poco de holgura.

Con esa sencilla reseña podíamos imaginar el resto: la búsqueda de cualquier trabajo, las extenuantes jornadas laborales, la dificultad con el idioma, la ilusión de ver llegar, uno a uno, a los integrantes de la familia, el giro en dólares con destino a Colombia, y quizás el anhelo de regresar al país. Conocíamos de memoria el guión de desdichas que siguen muchos emigrantes y nos dolía saber la repetición de la tragedia.

Pero lo peor estaba por saberse. El lunes nos enteramos que la familia fallecida la integraban Heriberto García, “quien trabajaba como mesero en un restaurante indio junto con sus dos hijos”, su esposa, Flor Marina Sandoval, “quien laboraba en un salón de belleza”, y Felipe, el hijo menor. Así lo registraron los medios en los que se pedía ayuda para repatriar los cadáveres.

Una pareja de calidad

La historia se nos convirtió en una muy mala película en la que, sin saberlo, el cine nacional era actor de reparto. Porque Heriberto García y Flor Marina Sandoval tienen para muchos cineastas colombianos voz y rostro precisos. Y aunque los espectadores lo ignoren, a ellos les deben gran parte de la calidad de lo que han visto y oído en nuestro cine. Heriberto como sonidista y Flor Marina como maquilladora, se hicieron cargo entre finales de los setenta y el 2000, de registrar el audio, las voces, los chirridos de las puertas y de caracterizar el rostro de los actores para convertirlos en los personajes que otros creábamos para el cine colombiano.

En lo personal no puedo decir, pese a conocerlos desde hace muchos años, que fuéramos íntimos amigos. Pero fuimos algo mucho más importante: cómplices en la aventura que ha sido escribir la atropellada historia del cine nacional. El cine es un trabajo colectivo por excelencia. Por esa razón, conformar un equipo que se comprometa con el sueño de un guionista, un director, un productor, de sacar adelante una película que quién sabe si llegará a recaudar lo mínimo en taquilla, pero que igual podrá conmover a algún espectador en la penumbra de una sala de cine, exige contar con cómplices.

Eso fueron Heriberto y Flor Marina para muchos cineastas colombianos en dos áreas esenciales de la realización cinematográfica, el sonido y el maquillaje. Al punto que cuando comenzamos a llamarnos, consternados, al descubrir que la tragedia de la pareja colombiana fallecida en Nueva York tocaba, además de sus dolientes naturales —los hijos y demás familiares—, el corazón del cine colombiano, fue sencillo reconstruir algo de su historia.

Lisandro Duque, director de los largometrajes El Escarabajo y Milagro en Roma , en los que Heriberto fue sonidista y Flor Marina maquilladora, recordó a Heriberto como un hombre que se comprometía con los proyectos por un imperativo de orden estético y personal. Contó que para doblar la voz del protagonista de El Escarabajo, un actor mexicano, se internaron junto con Alvarito Rodríguez, durante ocho días en un silencioso lugar de La Calera. Allí se dieron a la tarea de hacer el doblaje de una manera desconocida para Lisandro y para cualquier director: sin ver en una pantalla las imágenes de lo que se iba a doblar y, además, sin que Heriberto cobrara un peso por esa semana de trabajo adicional.

Pero la aparición del matrimonio en el cine comenzó mucho antes de esa anécdota. Según Diego Rojas, estudioso del cine nacional, “Flor Marina y Heriberto protagonizaron, desde su ámbito profesional cada uno, por lo menos treinta años de la reciente y azarosa historia de nuestro cine. Desde las épocas remotas de los cortometrajes llamados de ‘sobreprecio’, años setenta a mediados de los ochenta, la era Focine, con sus dimes y diretes, y el cambio de siglo, con los embates tecnológicos y el empuje arrollador de los nuevos cineastas. Heriberto también aparece con créditos de dirección y de jefe de producción en épocas remotas. Ah, y en El Drácula de Camila estuvo Flor Marina”.

Así es, ambos trabajaron con Camila Loboguerrero en el corto Por qué se esconde Drácula. Y antes, explica Camila, “en 1976 trabajé con Heriberto en la película Los Herederos de la Tierra, de Manuel Franco. Yo era asistente de dirección y me acuerdo que en mitad del rodaje (en la laguna de Fúquene) a Heriberto se le acabó la cinta virgen de sonido. El se fue a media noche hasta Chiquinquirá y en una emisora consiguió cinta reciclada. Era lleno de energía, feliz y sonriente siempre”. Desde entonces la presencia silenciosa, discreta, como debe ser la de los sonidistas, de Heriberto detrás de la consola de sonido, con los audífonos puestos, y de Flor Marina, pincel en mano, lista a corregir un detalle en el rostro del actor, se volvió imprescindible en cualquier rodaje.

El pasado y el presente


En Barichara, Santander, los registra la memoria de Humberto Dorado, quien, además, hizo llegar un mensaje de Sergio Cabrera que no requiere introducción: “Con profundo dolor me he enterado de la muerte de Heriberto y Flor Marina y de su hijo, no tenía idea del suceso y aún no termino de recuperarme porque Heriberto y Flor Marina fueron en innumerables ocasiones compañeros de trabajo, desde que empecé a trabajar como director de fotografía. Posteriormente me acompañaron en casi todas mis películas cuando empecé a dirigir. Los dos eran personas muy especiales y sensibles y trabajar con ellos siempre fue un placer. Como director de fotografía trabajé con ellos en películas de Francisco Norden, especialmente en un documental sobre Cerro Matoso en que Heriberto grabó sonido durante un par de años. Técnicas de duelo, La estrategia del caracol, Águilas no cazan moscas, fueron películas en las que trabajaron juntos, y ya por separado Flor Marina en Ilona llega con la lluvia y Heriberto en Golpe de estadio”.

Flor Marina y Heriberto, como pocos, hicieron parte del pasado y presente de un cine que a lo largo del siglo XX encaró una aguerrida lucha para instalar las bases de la industria cinematográfica colombiana. Por eso la lista de películas en la que ambos, o uno de los dos trabajó, es enorme. Incluye títulos como El Doble, de José María Arzuaga, Esperanza, de Maddy Samper, varias películas de Gustavo Nieto Roa, capítulos de Yurupary, dirigidos por Gloria Triana, mediometrajes como Derechos reservados y De vida o muerte, de Jaime Osorio. Al lado de Jaime Osorio, Flor Marina participó en su película Sin Amparo y en María llena eres de gracia, de Joshua Marston.

Catalina Bridge, productora ejecutiva de la película Amar y vivir, de Carlos Duplat, en la que también trabajaron, cuenta que, luego, durante el casting de Betty la fea: “Llamamos a Flor Marina para trabajar en RCN. Sin haber aceptado aún, nos maquilló las actrices que presentaron el casting para Betty, entre ellas Ana María Orozco, quien se ganó el personaje. Flor Marina no aceptó el trabajo. No le gustaba la televisión ni comprometerse a largo plazo, pero cuando se diseñó el personaje de Betty se tomaron muchos elementos de los que Flor Marina había planteado en el casting”.

Otro tanto hicieron junto a directores como Felipe Aljure, quien comparte la tristeza que nos embarga y la necesidad de escribir sobre su obra contando que “Heriberto trabajó en La gente de la universal haciendo las últimas dos semanas de sonido directo, cuando los sonidistas búlgaros se devolvieron a Sofía. Además hizo grabaciones adicionales en posproducción. Con Flor Marina trabajé en La misión, ella estaba en el departamento de maquillaje”.

Sin embargo, Heriberto y Flor Marina sintieron el apremio de ir tras el sueño americano. Sus motivos son personales y por tanto merecen el mayor respeto. Pero no está de más, para esta cinematografía, conmovida por su penosa ausencia, y para un país del que a diario emigran tantos ciudadanos, preguntarnos ¿por qué?

Para sus hijos, Alejandro, Adriana y Daniel, en la solidaridad del afecto.

* Cineasta

La trágica noticia

Alejandro García, el hijo de la familia que quedó con vida, sigue en su intento por recaudar los fondos necesarios para poder trasladar el cuerpo de sus padres. Pese a la ayuda de muchas personas, todavía no han logrado reunir todo, pues el transporte de los cadáveres cuesta entre US$12.000 y 15.000.

Según las primeras investigaciones de la policía de Nueva York, todo apunta a que el incendio fue ocasionado por una pareja de ecuatorianos que vivía en el segundo piso de la casa. “El hombre (que murió en el hospital) trabajaba limpiando alfombras, al parecer empezó una discusión con su pareja, que se encuentra en grave estado, y se arrojaron algunas sustancias inflamables que el hombre utilizaba en su trabajo”, explicó la policía.

http://www.elespectador.com/impreso/internacional/articuloimpreso-cuando-los-amigos-se-van?page=0,2

Publicado en El Espectador el 21 de junio de 2008

El Espacio de John

Voy tras una foto de John y su compañeros antes de que los borren del mapa. Ese es el plan del Congreso de esta nación que se hará realidad con una ley que prohibe a indigentes, ñeros, vendedores ambulantes, maromeros y etc., etc., permanecer en los semáforos, separadores y demás. Mejor dicho, pueden estar ahí, siempre y cuando se mantengan a 200 metros de los semáforos, las calles y avenidas y, sobre todo, no pidan nada a cambio del servicio que prestan. A partir de este mes será un delito pedir o dar limosnas, ayudas y demás en estas vías y a estas personas.

¿Será que con esta nueva Ley, finalmente, erradican la miseria? No creo, pero por lo menos —se dirán los que odian tener que tropezar con esa cantidad de pobres, feos y mugrosos en las calle— no tendrán que verlos y, según la lógica que impera en el país, lo que no se ve no existe.

Veo a John, por eso aquí le guardo un espacio en el que se le autoriza a "existir", en un tiempo donde ser pobre, tener hambre y vivir en la calle parece resultar insoportable a nuestros legisladores. Intolerable, no para sus sentimientos, sino para su estética de la ciudad. "Qué fea esa gente en las esquinas, cómo deterioran la ciudad". Ese debe ser el pensamiento que acosa sus cerebros, para pretender borrar de un plumazo de la calle y de sus inconciecias a los miserables de esta tierra.

Igual yo veo a John y, aunque me condenen por cometer el delito de compartirle una sonrisa, espero que esté en la esquina, para que no olvidemos nunca que él y millones como él también habitan un país que prefiere "borrarlos" antes que enfrentar su responsabilidad con estos seres HUMANOS.